El cine
de dibujos animados define una técnica que sustituye la filmación de actores y
escenarios por el uso de ilustraciones, muñecos articulados o planos
infográficos o computarizados, animados, toma a toma, hasta lograr la sensación
de movimiento. De ese modo, el elemento estático es combinado con otros,
ordenados en una sucesión coherente, de manera que, en virtud de una
manifestación de la óptica. La definición correcta de la palabra animación proviene del latín, lexema «anima» que significa «alma». Por tanto, la acción de animar se debería traducir como «dotar de alma», refiriéndose a todo aquello que no la tuviera.
Es uno de los artilugios cinematográficos citados como antecedente del cine de animación, pues en no pocos casos empleaban
dibujos que, por ese efecto óptico que señalábamos, se animaban ante la mirada
del espectador.
Ya usando el cinematógrafo, Georges Méliès descubrió el trucaje
logrado al rodar ciertas escenas fotograma a fotograma. Si un objeto o dibujo
era cambiado de posición, filmándolo a intervalos regulares, se lograba ese
efecto de animación. Siguiendo este principio, James Stuart Blackton rodó en
1900 The enchanted drawing, una de las primeras producciones de este
orden.
Asimismo, el dibujante
norteamericano Winsor McCay elaboró el filme Little Nemo (1911).
Pero la verdadera
revolución en esta técnica se debe a Walt Disney y Ub Iwerks, creadores del
ratoncito Mickey Mouse, que fue el protagonista de Steamboat Willie
(1928).
Disney puntaba a una creciente mercadotecnia de productos derivados.
Los hermanos Dave y Max
Fleischer rodaron numerosos cortometrajes protagonizados por figuras como Betty
Boop y Pepeye, así como un largometraje de animación realista, Los viajes de
Gulliver (1939).
En el dibujo animado
europeo sobresalen figuras como el animador ruso Iván Ivanov-Ivano, y los
dibujantes belgas de los estudios Belvisión, responsables de los filmes
dedicados a personajes como Tintín y Astérix.
También goza de fama la Escuela
de Zagreb, representada por artistas como el yugoslavo Dusan Vukotiç. Al checo
Jirí Trnka se deben bellísimas producciones realizadas con muñecos articulados,
como El ruiseñor del emperador (Císaruv Slavik, 1948) y Viejas
leyendas checas (Stare Povestí Ceské, 1953). En buena medida, su técnica ha
sido actualizada por el norteamericano Henry Selick, director de películas como
Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993) y James y el
melocotón gigante (James and the Giant Peach, 1996).
Otro de los polos de la
animación internacional es Japón, donde se practica el llamado anime, o
cine de dibujos animados japonés, desarrollado gracias al trabajo de dibujantes
como Osamu Tezuka, especializados en adaptar sus creaciones tanto al cine como
a la pequeña pantalla. Películas niponas como Akira (1988), de Katsuhiro
Otomo; Monster City (1988), de Yoshiaki Kawagiri y Yuji Ikeda; y Nausicaa
del Valle del viento (1984), de Hayao Miyazaki, han otorgado un merecido
prestigio a esta cinematografía.
En la actualidad, destacan
en este panorama las figuras de Jeffrey Katzenberg, antiguo director de
animación de Walt Disney Pictures y actual jefe de la unidad de animación de
los estudios DreamWorks, y Michael Eisner, actual presidente de Disney.

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